“Pero no dentro de la sala”, dice Marta, una arquitecta de 43 años. "Cuando nació nuestra segunda hija, mi marido y yo no teníamos tiempo para nada, mucho menos para nosotros. Un día le dejamos la niña a mi madre para ir simplemente al cine. Fuimos a ver Sherlock Holmes. En mitad de la película nos empezamos a besar como dos adolescentes, no podíamos contenernos. Él lo hubiera hecho allí mismo, pero como a mí me parecía muy indecente , salimos de la sala y nos metimos en el baño de señoras. Fue genial, un poco de pasión después de tantos meses sin sexo. Volvimos a entrar para el final de la peli”.