No hemos visto el video de la concejala masturbándose, como tampoco quisimos ver en su día el que subrepticiamente le grabaron a Pedro J. Las graves consecuencias que para algunas personas tienen la difusión de esas imágenes hacen que nos identifiquemos con la víctima y nos neguemos a seguir la cadena exhibitoria. El haber conocido en consulta el calvario que viven estas personas incrementa nuestra empatía y hace que abominemos de la difusión no autorizada de imágenes sexuales a través de dispositivos móviles e Internet.
Para poder conocer mejor estos fenómenos, que son relativamente nuevos, es importante identificar las conductas asociadas y distinguir claramente entre: sexting voluntario, sexting involuntario, sextorsión, grooming y cyberbullying. También es muy importante que los sistemas judiciales puedan definir claramente cada comportamiento para tomar las medidas oportunas y aplicar las sanciones pertinentes.
“Sexting” voluntario
Se define generalmente como enviar, recibir o reenviar mensajes sexualmente explícitos o imágenes de desnudos, parcialmente desnudos o sexualmente sugestivas de uno mismo o de otros a través de un teléfono móvil, correo electrónico, Internet. Algunos autores limitan el término “sexting” a la difusión de contenidos producidos por el propio remitente. La palabra, obviamente es un anglicismo, surge de la contracción de “sex” y “texting”, porque empezó haciendo referencia a los mensajes eróticos que se envían por SMS.
“Sexting” involuntario
Como su nombre indica, cuando la persona implicada no da el consentimiento para su publicación, o las envía por error, o se las roban, como fue el caso de la conocida actriz Scarlett Johansson.
Ciberbullying
El “ciberbullying” o “ciberacoso” entre iguales supone el hostigamiento de un menor hacia otro menor, en forma de insultos, vejaciones, amenazas, chantaje, etc., utilizando para ello un canal tecnológico. Muchos de los menores que ven difundidas sus imágenes sexuales, son víctimas de “ciberbullyng”, al ser acosados y molestados por sus compañeros, con motivo de esa violación de su intimidad.
“Sextorsión”
Cuando se chantajea, amenazando con la publicación de fotografías o vídeos de contenido sexual, al protagonista de las imágenes. En muchos casos se utiliza para obtener favores sexuales de la víctima, que puede ser menor o mayor de edad.
“Grooming”
El grooming se define como el conjunto de estrategias que una persona adulta desarrolla para ganarse la confianza del menor a través de Internet con el fin de abusar de ellos sexualmente.
En esta sección publicamos un post, Internet y abusos sexuales, en el que relatábamos como unos menores, víctimas de abusos sexuales, habían sido chantajeados por este método, convirtiéndose en víctimas de “sextorsión”. Los menores fueron “captados” por un abusador desaprensivo que utilizó estrategias propias del “grooming”. Se trata de una situación delicada y difícil de abordar por un menor de edad. Los adolescentes, temerosos ante la posibilidad de que su extorsionador pueda difundir las imágenes que le comprometerían públicamente y ante su familia, pueden acceder a su chantaje, que normalmente consiste en seguir enviándole fotografías o vídeos de carácter sexual, y, en casos extremos, realizar concesiones de tipo sexual con contacto físico, como les ocurrió a estos menores.
Hay que entender que para las personas que ven como sus imágenes sexuales son difundas de manera indiscriminada, la situación no es fácil. La conducta sexual es una conducta íntima en nuestra cultura y verse expuesto de ese modo puede tener consecuencias psicológicas y sociales muy negativas.
Recordamos el caso de una chica, -la vamos a llamar Marta- a la que grabó un chico, con el que ella no había querido salir, durante una fiesta. Estaban en una casa de campo y el chico, obsesionado con ella, la siguió hasta la habitación donde se refugió con su novio buscando intimidad. El chico grabó la escena a través de una ventana. Marta, que vivía en un pueblo pequeño, lo pasó fatal. Las imágenes no eran nítidas, pero él ya se encargó de difundir su nombre. De manera que todo el pueblo tenía acceso al vídeo, en el que ella le hacia una felación a su novio. Hasta les llegó al móvil de sus primos y sus tíos.
Marta estuvo al borde de la depresión, retraída no se atrevía a salir a la calle; se sentía observada y juzgada. La sensación de vulnerabilidad hizo estragos en su autoestima, al ver que su espacio más íntimo no había sido respetado. Le costó darse cuenta, que ella no tenía nada de qué avergonzarse, que, al fin y al cabo, había tenido sexo con su novio en un espacio privado, igual que hacen muchas chicas de su edad. Que la conducta reprobable era la grabación y difusión de las imágenes. Que esa persona había cometido un delito y era la que tenía que avergonzarse de su conducta y ser censurada socialmente. Afortunadamente pudo contar con todo el apoyo de sus padres y con ayuda psicológica. Actualmente Marta es una chica muy inteligente, que está terminando una ingeniería y ha aprendido a vivir con eso. Porque ella sabe que esas imágenes siempre circularán por ahí, que hay muchas copias distribuidas que pueden aparecer en cualquier sitio.

No tuvo la misma suerte la chica de la foto, Jesse Logan, que se suicido a consecuencia de la difusión, que hizo su novio, de unas fotos sexualmente explícitas a los compañeros de instituto. Que se burlaron de ella y la acosaron sin tregua, hasta que no pudo más y se ahorcó.
En un reciente estudio se han encontrado múltiples referencias de suicidios que se producen debido a la difusión no consentida de imágenes sexuales; además de graves daños psicológicos como hemos podido ver.
No obstante, parece que no todo es tan negativo en el uso de las nuevas tecnologías, la próxima semana presentaremos recientes estudios que estiman que hay parejas que utilizan el sexting, como una conducta más del cortejo, sin que se asocie a conductas sexuales de riesgo o a problemas psicológicos.